Dispersos entre sus montañas y quebradas afloran pequeños caseríos blancos, de sencillas y humildes construcciones que conservan toda la esencia de la vida rural. Caseríos como el de Ayacata, Cercados de Araña, Risco Blanco, Taidia, Fataga, Ayagaures, Cercados de Espino; con sus casitas de blancos perfectos y de tejas rojas; de patios adornados con útiles artesanos e infinitas macetas de plantas y flores. Manteniendo aún todo el encanto de la vida sencilla que trascurre a ritmo que marca la naturaleza. Gente noble, hospitalaria, prototipo tranquilo y sosegado de los afortunados que disfrutan del aislamiento peculiar de una isla.
Estos pequeños pueblos llenos de manifestaciones populares y culturales nos hablan de sus tradiciones, de su arte, de sus fiestas y de la sencillez de su gente. Sus coloristas fiestas locales componen la mejor muestra de su cultura popular. En estas celebraciones se exaltan las costumbres del pueblo y la identidad del canario. Manifestaciones propias, llenas de tipismo y arraigo que se trasladan a las sabias manos de los artesanos del lugar dando como resultado verdaderas obras de arte.
El recorrido del municipio por senderos y carreteras permiten descubrir el pasado histórico, modo de vida y cultura popular de su gente que se hallan diseminados en áreas naturales y rurales. Por su parte, en las áreas urbanas, caseríos y yacimientos arqueológicos concentran gran parte del patrimonio histórico, artístico, etnográfico y arqueológico que pueden conocerse a través de visitas o itinerarios temáticos.
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